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DE CÓMO LA CIENCIA PUDO FORMAR LA SOCIEDAD:
el Positivismo francés de siglo XIX

Por Eliana Paola Barragán
Historiadora Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de la Revista Historik.com
elianabarragan@revistahistorik.com

A partir de la Revolución de 1789 Francia sufrió transformaciones políticas y sociales. De un lado, al proclamar la igualdad entre los hombres, se deslegitimó la sociedad estamental de Antiguo Régimen, y de otro, al establecer que toda autoridad emana de la nación se asistió a una serie de cambios de régimen político que, oscilando entre democracia y monarquía, estuvieron sustentados en el ejercicio de la fuerza. Tales avatares llevaron a pensadores franceses como Jules Michelet, François Guizot, Henri de Saint-Simon, Aguste Comte o Madame Staël a cuestionarse sobre el devenir de su sociedad y a creer que podían moldearla a partir de la experiencia y/o del conocimiento. En ese contexto apareció el Positivismo como una corriente filosófica que creía en el progreso de la humanidad sustentado en el conocimiento posible a través del método científico de las ciencias naturales, extensivo también al estudio de la sociedad.

Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat marqués de Condorcet (1743-1794) Anne-Louise Germaine Necker Madame de Staël (1766-1817) Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon (1760-1825) Isidore Marie Auguste François Xavier Comte (1798-1857)

Uno de los primeros esbozos del positivismo se puede situar hacia 1794 cuando el marqués de Condorcet afirmó, en su obra Bosquejos de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, la existencia de las leyes del progreso de la civilización humana y pronosticó la aparición de una ciencia capaz de prever el progreso de la humanidad, acelerarlo y dirigirlo (Kenneth 31). A principios del siglo XIX, Madame de Staël fue la cabeza de un círculo intelectual francés en el cual se desarrolló la idea de que la perfección del hombre y de la sociedad era posible si se utilizaban los métodos científicos para la solución de los problemas sociales; en el contexto de un Estado dirigido por científicos. En sentido similar, Saint-Simon planteó la posibilidad de un orden social perfecto, pues, según su Ley de las tres etapas (1813), sería el resultado de un desarrollo intelectual humano supremo, el positivo, como producto de la superación de dos etapas anteriores, la teológica y la metafísica. Tal orden social estaría liderado por el Concilio de Newton que, constituido por veintiún científicos, eruditos y artistas, se inspiraría en la ciencia física
Saint-Simon argumentaba que el estudio de los fenómenos sociales debía hacerse siguiendo la metodología de las ciencias naturales, pues, todos los fenómenos producidos eran consecuencia de un principio único, la ley de atracción gravitatoria de Newton.
(Gordon 305). Con el tiempo Saint-Simon cambió varios de los elementos de su propuesta pero persistió la idea del progreso de la sociedad hacia un estado ideal con la ayuda del conocimiento científico. Así, dado el acercamiento a l’Ècole de Médicine de París desdeñó los métodos de la física y se inclinó por los de la fisiología, pues empezó a considerar a la sociedad como una especie de superorganismo en el cual los hombres y sus clases eran, respectivamente, células y órganos.

Auguste Comte convencido de la teoría evolutiva de la humanidad sustentó el pensamiento filosófico positivo al retomar la Ley de las tres etapas de su maestro Saint-Simon; renombrada como Ley de la evolución intelectual de la humanidad o Ley de los tres estados, establecía que la humanidad, y el hombre como fundamento de ella, estaba destinada a pasar sucesivamente por tres estados -teológico o ficticio, metafísico o abstracto y científico o positivo-, que se diferenciaban entre sí por el grado de desarrollo intelectual de la humanidad. En el estado teológico el hombre buscaba los orígenes y las causas últimas de la naturaleza y le atribuía a fuerzas sobrenaturales o divinas todos los fenómenos, por lo que pasó del fetichismo al politeísmo y, finalmente, al monoteísmo. En el estado ficticio la sociedad era esencialmente militar, pues los sacerdotes prevalecían y los militares gobernaban (Kenneth 37); históricamente se ubicaba en la Edad Media. En el estado metafísico, el hombre suponía que las fuerzas abstractas radicadas en las cosas mismas (formas, esencias…) eran las generadoras de los fenómenos, explicaban su esencia y determinaban su naturaleza. Este estado que se desarrolló 5 siglos antes del XIX, estaba gobernado por eclesiásticos y legistas y era el transitorio para llegar al perfeccionamiento y la madurez del estado positivo.

En el estado científico o positivo, centro de los planteamientos de Comte, el hombre deja de buscar los orígenes o el fin del universo y renuncia a descifrar la naturaleza de los fenómenos para circunscribirse a la “verdadera observación“, a la investigación de las leyes -sucesión y semejanza entre los fenómenos observados-, aunque limitado a conocer lo que le permiten los sentidos humanos porque ir más allá le es difícil y escapa a todo interés propio de la humanidad. Las leyes así captadas están destinadas a la previsión racional, es decir, a pronosticar y someter el futuro de la naturaleza,

Así, el verdadero espíritu consiste, ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales (Comte 32).

El hombre al estar en una fase intelectual superior que le permite establecer el curso general y los estados del desarrollo de la civilización como leyes puede favorecer un progreso controlado de la sociedad que excluya el desorden y la revolución. Esa finalidad se hace posible en la medida en que la filosofía social o sociología, como la nombró Comte hacia 1839, estudie los atributos que distinguen al hombre de las especies inferiores: inteligencia y sociabilidad.

Dentro de tal marco filosófico, la sociedad que proyectaba Comte apuntaba a la correcta distribución de las funciones entre los órganos sociales
El uso que hace Comte del término biológico “órgano” se debe, al igual que en Saint-Simon, a que encontró en la medicina el sustento metodológico necesario para abordar los estudios de la sociedad, ya que consideraba que la sociología también partía del conocimiento de conjuntos orgánicos.
que la componían y a su armoniosa coordinación . En ese sentido, asignaba a los administradores industriales y a los guías científicos las funciones de gobierno y establecimiento de las obligaciones morales conforme a las necesidades de la sociedad. El proletariado aparecía como un órgano pasivo imposibilitado para alcanzar la autoridad, al que le serían transmitidos los saberes positivos, no en su totalidad sino en sus nociones más esenciales, siendo bien recibidos ya que, a diferencia de la elite tradicionalista, no tenían arraigados los vicios de los estados teológico y metafísico. La perspectiva se cierra con la introducción de una política popular que consistía en la regulación moral de los actos del proletariado, en una alianza con los filósofos -hoy científicos- para la instrucción en el positivismo. En el contexto de inestabilidad social y política que vivía la Francia de principios del siglo XIX Comte visualiza una sociedad controlada por el conocimiento positivo.

BIBLIOGRAFÍA

Comte, Augusto. Discurso sobre el Espíritu Positivo. Madrid: Alianza, 1980.

Gordon S. Historia y filosofía de las Ciencias Sociales. Barcelona: Ariel, Barcelona, 1995.

Kenneth T. Agusto Comte, los fundamentos de la sociología. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1990.

IMÁGENES

Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat marqués de Condorcet. www.charles-tocanier.com

Anne-Louise Germaine Necker Madame de Staël www.http://mermaidlullaby.blogspot.com

Isidore Marie Auguste François Xavier Comte www.tradicionfrancesapsicologia.blogspot.com

 

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