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UNA CARICATURA YANKEE Y UNA RESPOSTA ESPANYOLA

Por Eliana Paola Barragán
Historiadora Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Comité Editorial de la Revista Historik.com
elianabarragan@revistahistorik.com

Una Caricatura Yankee y una Resposta EspanyolaAl detallar imágenes históricas es necesario reconocer que, si bien algunos de los elementos que las componen no están vacíos de significación para los observadores contemporáneos, hay pinceladas que se escapan a su desprevenida percepción, pues las imágenes “están codificadas de forma que comunican determinadas cosas a culturas o grupos concretos (culturas o grupos de los que nacen las imágenes)” (Freedber 30). Para el espectador resulta conveniente develar aquellos elementos que quedan sin sentido en una imagen a la luz del contexto en la que se produjo.

Tal es el caso de la caricatura política cuyo objetivo de denunciar, censurar y/o ridiculizar una situación sólo se logra cuando el espectador reconoce lo que ella representa, cuando existe una identificación entre el observador y los elementos que evoca, estableciendo la diferencia entre la mera apreciación del dibujo y la reacción frente a él -risa discreta, carcajada, rabia incontenible, etc.-. Con la finalidad de generar estas y otras reacciones entre nuestros lectores, en esta oportunidad, se quiso revelar algunos de los detalles de Una Caricatura Yankee y una Resposta Espanyola, imagen que apareció en el semanario catalán La Campana de Gràcia
La Campana de Gràcia semanario satírico, republicano-federal y anticlerical realizó su primera entrega el 8 de mayo de 1870 bajo la dirección del librero Innocenci López Bernagossi y se publicó hasta el año 1934 cuando fue vetado por orden gubernamental. Se constituyó en un instrumento de propaganda del movimiento republicano federal que, debido al resurgimiento de la cultura y el nacionalismo catalán durante el siglo XIX, pretendía a través de una revolución federal surgida de la iniciativa de las clases populares terminar con el sistema centralista español y recuperar la autonomía pérdida en el siglo XVIII.
el 27 de junio de 1896 (4) y que hablaba de la situación política entre España y Estados Unidos en el contexto de la última Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898)

Como su nombre lo indica, la imagen está compuesta de dos caricaturas: una yankee y la correspondiente respuesta española. La primera, se nos advierte, es una “copia exacta” de una publicada en el periódico neoyorquino Judge que retrata, en una terraza, al emblemático Tío Sam de pie, reclamando un cigarro de tabaco, cuyo humo muestra la palabra Cuba DETALLE, al enano de traje cordobés que está sosteniéndolo. La caricatura concluye con la frase del Tío Sam al pequeño español: “No, lo mejor que puede hacer es darme ese cigarro, los niños no fuman”. La segunda plasma, en un cañaduzal, a un soldado español introduciéndole con fuerza un tabaco en la boca al Tío Sam. Tras de sí está un cerdo ataviado con la bandera estadounidense y a lo lejos se observa el edificio del Congreso de los Estados Unidos. La imagen se sella con la frase del español al Tío Sam: “Maestro, si te lo quieres fumar te tendrás que quemar los morros”. Las dos caricaturas están enmarcadas por la letra C en cuyo interior se dibujan de manera consecutiva 9 cerdos y 7 negros. La serie comienza con un cerdo que sostiene dos banderas, una estadounidense y una cubana, y termina con la parte inferior de la letra encendida por una tea DETALLE. Una víbora que en su cuerpo tiene inscrito el lema “política Yankee” se enrosca en la punta superior de la letra.

Un año antes de la publicación de la caricatura habían comenzado los levantamientos por la independencia de Cuba que hallaron terreno propicio en la crisis del azúcar (1894) que fomentó la miseria en los campos, las gravosas rentas y aranceles en comparación con los de España y el sentimiento de malestar de la población por el dominio colonial y el mal gobierno de la Península (Elorza y Hernández 179, 180). El movimiento emancipador estuvo dirigido, entre otros, por varios veteranos de la primera guerra de independencia -Guerra de los Diez Años (1868-1878)- y contó con una amplia base social de apoyo. A principios de 1896 era evidente que la insurrección se había prolongado más tiempo del esperado y amenazaba con tomarse las regiones más partidarias del régimen, por lo que el gobierno español, en cabeza del presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo, se propuso someterla a cualquier precio y privilegió la vía militar enviando a Cuba como capitán general a Valeriano Weyler. Al mismo tiempo, en Estados Unidos quienes tenían intereses económicos en la isla, que no eran pocos, iniciaron una campaña de presión a su gobierno para que interviniera y dirimiera el conflicto a favor de Cuba ya que la guerra estaba dificultando el normal desarrollo comercial.

En ese sentido la prensa jugó un papel significativo tanto en la Península como en Estados Unidos ya que consciente del poder de movilización de la opinión pública utilizó las letras y las imágenes para denunciar determinadas posiciones políticas y ganar adeptos para otras (Elorza y Hernández 354; Perales 177 y 179). Precisamente esto queda evidenciado en las caricaturas, pues al surgir en momentos en que el Congreso de los Estados Unidos discutía la posibilidad de conceder la beligerancia
Estado que permitía al Gobierno estadounidense, en nombre del derecho de guerra, realizar acciones bélicas en contra de España.
a los cubanos sublevados, el periódico Judge privilegia una política exterior norteamericana de intervención y La Campana de Gràcia una política española belicista sustentada en la exaltación del patriotismo.

En Una Caricatura Yankee aparece, en lo puede ser uno de los espacios abiertos del Congreso, el Tío Sam
Uncle Sam, Tío Sam en español, se difundió como símbolo de los Estados Unidos en la prensa norteamericana desde la segunda mitad del siglo XIX. El nombre “Uncle Sam” derivó del apodo de Samuel Wilson, un carnicero que inspeccionaba las reses y los cerdos que compraba el gobierno estadounidense tras la declaración de la guerra contra Inglaterra en 1812. El aprovisionador de carne, Elbert Anderson, marcaba sus barriles con las iníciales de su nombre “E.A.” y con las iníciales de United States “U.S.”. Sin embargo, los trabajadores de Samuel ignoraban el sentido de estas últimas y las asociaron al apelativo de su jefe. Con el tiempo la asociación se volvió popular y U.S. empezó a evocar a Uncle Sam. La imagen del hombre de pantalones rayados, sacoleva, sombrero de copa alta, barba estuvo asociada primero a otro personaje del nacionalismo norteamericano, Brother Jonathan, y hacia la década de 1860 se le endilgo al Tío Sam. http://www.sonofthesouth.net/uncle-sam/
quien como representación de Estados Unidos, en pie y en actitud burlesca, afirma su superioridad como potencia militar y económica. En contraposición se encuentra el enano de traje cordobés echado y abatido evocando a una España de insignificancia en el orden internacional, a un mal gobierno -corrupto, ineficaz e injusto- e incluso a una nación moribunda. El cigarro de tabaco que sostiene el pequeño hombre representa a la colonia española, pues aunque no era el producto más exportado de la isla si era el más apetecido en el comercio con Norteamérica. Cuba es representada como un objeto, a diferencia de Estados Unidos y España que son personificados, reduciéndosele a un interés econámico y enlazada a la política estadounidense que “apuntaba a [una] independencia (bajo tutela) que permitiría el control de la economía cubana sin los riegos de anexión” (Elorza y Hernández 311). Esa tendencia intervencionista se refuerza cuando el Tío Sam le dice “diplomáticamente” al pequeño español: “lo mejor que puede hacer es darme ese cigarro“; evidentemente España no estaba en capacidad de quedarse con Cuba.

La ríplica del semanario catalán se opone a la política estadounidense que al estar representada por una víbora -ser venenoso, rastrero y vil- alude a las malas intenciones que tiene tras de sí. Al mismo tiempo la caricatura enuncia la política española ya que queda claro que sí Estados Unidos pretendía intervenir, así fuera por vía de la medicación, su injerencia sería rechazada y la respuesta sería militar. Por tal razón aparece el soldado, -que pudo ser el mismo Weyler DETALLE-, en pie a la misma altura del Tío Sam y con rostro de fiereza mostrando a una España que pretende colocarse en el orden internacional en una posición de igualdad con Estados Unidos, confiada en un supuesto poderío militar. El cigarro de tabaco representa a Cuba, el tamaño que le atribuyen indica la importancia que tenía la colonia para España. El Tío Sam aparece atragantado con el cigarro cubano y descompensado por el violento movimiento del soldado hecho que alude a la vulnerabilidad de la nación estadounidense. El embutido del tabaco en la boca del “yanqui” refuerza la postura belicista y anti-intervencionista española.

La postura en mención se sustentó en la afirmación del patriotismo frente a la formación de las figuras antagónicas -el Gobierno estadounidense y los insurrectos cubanos- promovida por el Gobierno y por la prensa españoles. En ese sentido, el Gobierno estadounidense también aparece representado por el cerdo americano
Hasta hoy día, “cerdo americano” es la alusión despectiva con la cual se conoce a los estadounidenses. Lo más probable es que su uso se deba a la profesión de carnicero del “Uncle Sam” que le dio origen al símbolo.
pero en una visión peyorativa , pues considerado como un ser repugnante por su contacto con la suciedad remite a un gobierno cuyas acciones son deshonestas, sucias. En la caricatura no es casual que el Tío Sam se trague el cigarro y se queme hasta los “morros” -hocico de los animales- y sea el cerdo quien lo termine escupiendo DETALLE. De otra parte, resulta interesante que la personificación de los independentistas cubanos sea los 7 mambises retratados en la imagen porque, sin desconocer que esta población tuvo una participación significativa en la insurrección, es necesario recordar que en la configuración de la política de Cánovas “los mambises son siempre negros, y la de cuba es ante todo una “cuestión negra” (Elorza y Hernández 368), de inferioridad racial, que pregona que la independencia de Cuba significaría caer en estado de barbarie. Así se indica al dibujarse la tea incendiando el trazo final de la letra C DETALLE, insinuando la destrucción de una Cuba liberta por cerdos americanos y mambises. Es una visión que intenta prevenir a la opinión pública de una catástrofe pues así como los insurrectos utilizan la tea como arma de guerra quemando los campos de azúcar de aquellos propietarios opositores, la prensa satírica la usa para ratificar su carácter salvaje.

BIBLIOGRAFÍA

La Campana de Gràcia [Barcelona, España], 27 de junio 1896. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, Ministerio de Cultura, Gobierno de España.

Elorza, Antonio, Hernández Sandoica, Elena. La Guerra de Cuba (1895-1898). Madrid: Alianza, 1998.

Freedberg, David. El poder de las imágenes: estudios sobre la historia y la teoría de la respuesta. Madrid : Ediciones Cátedra, 1989.

Perales Piqueres, Rosa. “La Imagen gráfica yla caricatura española en los conflictos del siglo XIX”. Norba-Arte Vol. XXII-XXIII (2002-2003): 177-190.

IMAGEN

Valeriano Weyler. www.biografiasyvidas.com

 

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